
Érase una vez una pequeña croqueta que, por su afán aventurero, decidió explorar el mundo que la rodeaba. Esta pobre croqueta vivía en el congelador de un bar llamado "La Barrica", justo en frente del gran centro comercial Corte Inglés, junto a su mamá y sus 10 hermanitos más.
Esta croqueta nunca había entendido porqué debía vivir encerrada, porqué nunca la sacaban de ese lugar tan frío: "¿es que no era lo suficientemente buena?". Por estos pensamientos decidió escaparse aprovechando que el camarero del bar abría su morada para coger a sus vecinos calamares.
"Cuanta suciedad", pensó al caer al suelo del bar. Anduvo y anduvo explorándo fascinada todo lo que veía a su alrededor: la diversidad, las risas... ¡Era increíble!. Sin embargo algo se cruzó en su camino. El camarero, furioso por su escapada, la cogió con las manos, le dio un soplido y la metió en aceite caliente. "Ahh!!, ahh!!" chillaba la pobre croqueta dándose cuenta de que todo no era color de rosa fuera de su lugar seguro. Cansada y magullada la colocaron en un pequeño plato junto a pequeñas tiras de zanahoria y la sirvieron en una mesa frente a dos jovénes. Eran la última esperanza de la pobre croqueta, "¿se compadecerían de ella?", "¿la ayudarían?". Sin embargo las cosas no resultaron como ella esperaba y es que las jóvenes, lejos de compadecerse de su desgracia, acabaron con la pobre croqueta a base de mordiscos y saliva.
Esta es la historia de una croqueta a la que conocí el otro día. Ayudada con bastantes licencias literarias (todo hay que decirlo) la solitaria croqueta que le sirvieron a mi Power en aquel bar me ha servido para hacer una especie de fábula con su súper moraleja incluída. Esa croqueta no era sólo un alimento, es el reflejo de mucho de los sentimientos que nos pasan a algunos por la cabeza y por el corazón. La vida no es un lecho de rosas, no es como te la pintaban tus padres cuando tenías 7 años y esperabas con ansía el regalo de los Reyes Magos. Es bonito vivir la vida pero junto a esa belleza hay mucha desgracia, mucha injusticia, mucha locura y mucho dolor. Y pocas veces encuentras a gente que te ayude, que esté contigo en los malos momentos.
Es lo que hay, queramos aceptarlo o no.
Esta croqueta nunca había entendido porqué debía vivir encerrada, porqué nunca la sacaban de ese lugar tan frío: "¿es que no era lo suficientemente buena?". Por estos pensamientos decidió escaparse aprovechando que el camarero del bar abría su morada para coger a sus vecinos calamares.
"Cuanta suciedad", pensó al caer al suelo del bar. Anduvo y anduvo explorándo fascinada todo lo que veía a su alrededor: la diversidad, las risas... ¡Era increíble!. Sin embargo algo se cruzó en su camino. El camarero, furioso por su escapada, la cogió con las manos, le dio un soplido y la metió en aceite caliente. "Ahh!!, ahh!!" chillaba la pobre croqueta dándose cuenta de que todo no era color de rosa fuera de su lugar seguro. Cansada y magullada la colocaron en un pequeño plato junto a pequeñas tiras de zanahoria y la sirvieron en una mesa frente a dos jovénes. Eran la última esperanza de la pobre croqueta, "¿se compadecerían de ella?", "¿la ayudarían?". Sin embargo las cosas no resultaron como ella esperaba y es que las jóvenes, lejos de compadecerse de su desgracia, acabaron con la pobre croqueta a base de mordiscos y saliva.
Esta es la historia de una croqueta a la que conocí el otro día. Ayudada con bastantes licencias literarias (todo hay que decirlo) la solitaria croqueta que le sirvieron a mi Power en aquel bar me ha servido para hacer una especie de fábula con su súper moraleja incluída. Esa croqueta no era sólo un alimento, es el reflejo de mucho de los sentimientos que nos pasan a algunos por la cabeza y por el corazón. La vida no es un lecho de rosas, no es como te la pintaban tus padres cuando tenías 7 años y esperabas con ansía el regalo de los Reyes Magos. Es bonito vivir la vida pero junto a esa belleza hay mucha desgracia, mucha injusticia, mucha locura y mucho dolor. Y pocas veces encuentras a gente que te ayude, que esté contigo en los malos momentos.
Es lo que hay, queramos aceptarlo o no.

